Las transiciones hongkonesas

Las gigantescas manifestaciones que se suceden en la ex colonia británica desde el principio mismo de su actual estatus Autónomo, constituye toda una crónica de singularidad histórica por lo profundo del contraste existente entre los factores que concurren y lo muy numeroso del conjunto de ellos. El régimen histórico de aluvión en que se ha procesado el cambio político de ese territorio explica, que en tramos muy breves, se repitan manifestaciones de formato inmenso por la escala, a veces millonaria, de sus integrantes, y por el contraste, a veces brutal, entre los polos de referencia: la autoridad gobernante y la calle.

Los dos millones de concurrentes en la última manifestación, según los convocantes de la misma, o los cuatrocientos mil, en versión del Gobierno, constituyen referencias de escala muy orientativas de la dimensión de realidad por las que discurre el conflicto. Un pleito histórico propio, que pasa desde el hecho colonial británico a una realidad nueva, propia de un Megaestado poblado por cientos de millones de almas y recursos de todo orden no menos gigantescos.

El carburante que alimenta la tensión de principio entre una Autonomía resultante de una descolonización y el gran polinomio de poder que es la China representada por Pekín, no es otro que el de ensamblar una relación de autonomía efectiva para los hongkoneses en términos de libertades y rangos de bienestar propios de su estándares económicos y sociales. De ahí que la norma que regule la relación entre la ex colonia y el Continente chino, en lo concerniente a las garantías personales, sea de una importancia tan decisiva que el responsable político de ella se juegue literalmente la cartera si procede contra el sentir de la mayoría. Y es lo que ha desatado las protestas de la población de Hong Kong.