Ormuz, más estrecho que nunca

La angostura geopolítica de esta puerta más oriental por el acceso sur al Golfo del Petróleo, cuando se alcanza por el Océano Indico el Mar de Omán, dónde se encuentra la V Flota norteamericana, se ha vuelto políticamente más estrecha con la caza de un avión avión norteamericano no tripulado por huestes de la Guardia Revolucionaria iraní, que tiene asignado el uso de este arma aérea desde la revolución de Jomeini que derribó el régimen monárquico del Sha.

El Gobierno de Teherán ha calificado de “error muy grave” esta operación. Algo que tiene pleno sentido por causa del contexto en que se ha venido a producir dentro de la zona de ese Estrecho, con los repetidos ataques en que se han visto envueltos barcos petroleros dentro de esa vía por la que discurre un quinto del total de este combustible que se consume en el mundo. Asimismo es de señalar que el conjunto de todos ataques, de lógica atribución a fuerzas directamente persas o de movilización iraní, pertenecientes a regímenes de la zona, políticamente sintónicos con Teherán, componen una masa de imputación que sobredimensiona la carga de riesgo que todo ello supone para la zona, en el sentido de una sobrecarga de probabilidad bélica.

Frente a ello, debe significarse, en sentido opuesto, el contrapeso de orden político y diplomático de la mediación japonesa y el inmediato horizonte de la Cumbre del G20, en la que la temática económica y los contenidos primariamente políticos, no excluyen, sino todo lo opuesto, un contrapeso frente a los riesgos bélicos generados por el último hecho de fuerza armada en el Estrecho de Ormuz.