Shinzo Abe: ¿La espera de un milagro diplomático?

La práctica dependencia japonesa del petróleo iraní es, con toda probabilidad, la razón y causa de que Donald Trump haya elegido y el régimen iraní aceptado a Shinzo Abe, el Primer ministro japonés, para mediar con el régimen de Irán en la sobrevenida crisis del Golfo Pérsico, con los dos episodios de ataques a buques petroleros en los entornos del Estrecho de Ormuz: puerta de acceso a la cuenca del crudo. Sucesos encadenados tras la llegada de la Quinta Flota de Estados Unidos al Mar de Oman. Ataques cuya autoría atribuye a Irán,

y que han sobrevenido al cabo de la Guerra civil en Siria, en la que el régimen de Damasco ha dispuesto del apoyo de Rusia y de milicias del Chiísmo establecido en el Oriente Próximo.

Estos referentes enmarcan el fondo geopolítico en el que se inscriben los sucesos que han afectado a los petróleros agredidos en el Pérsico, cuya responsabilidad atribuye Washington a los iraníes.Pero en el aire de todo, como causa principal de esta regurgitación política del Golfo, se encuentra, como causa puntual, la defección norteamericana del Acuerdo nuclear al que se había llegado con el régimen de Irán, desde el impulso del presidente Obama. De Irán serán, de una u otra manera – la Guardia Revolucionaria, o de militantes chiles del Yemen o de Líbano – la directa autoría de los ataques. Pero la causa de las causas del tema no es otra que la del personaje residente en la Casa Blanca.

Dicho lo cual viene a concluirse que Shinzo Abe representa, en rango de interlocución mediadora ante el problema de los petroleros agredidos, un papel de parecido rango al representado por el ruso Vladimir Putín, con el que Donald Trump mantiene una interlocución casi cotidiana. Los riesgos globales de la tensión en el Estrecho de Ormuz, podrían traer menos componentes de apremio de lo que parece.