Crítico agravamiento en el Golfo Pérsico

Activado ya el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el paso mayor en la crisis del Pérsico que ha sido el ataque -parece que con torpedos- a dos buques cisterna junto a la embocadura del Estrecho de Ormuz, que es el paso del Mar de Omán al Golfo del Petróleo: partido de Norte a Sur en dos mitades, como el propio oro negro, mayoritariamente, entre el Islam del Chiísmo, bajo la pauta de Irán, y el Islam de los suníes, nucleado por Arabia Saudí y el peso de los Santos Lugares coránicos en torno a La Meca.

Estados Unidos acusa a la República Islámica del ataque a los dos petroleros en la embocadura del Golfo, en la coyuntura diplomática de una mediación del Jefe de Gobierno japonés, alguien al mando de un país que figura como uno de los primeros compradores, quizá el primero, de petróleo iraní. Y entre tanto el Consejo de Seguridad de la ONU está activado ya, el Gobierno norteamericano acusa al de Irán de los ataques, lo que es rechazado de plano por los dirigentes iraníes. Shinzo Abe -acaso el intermediario mejor del que podría disponer Trump – no parece, que, de momento, pueda hacer cosa alguna.

En contra de cualquier hipótesis de arreglo en esta y cualquier otra Interediación, pesa el descrédito político internacional del mandatario estadounidense, de cuya iniciativa surgió la premisa mayor de la actual crítica situación en el Golfo Pérsico. Un cuadro que supera en muchos cuerpos el peor más crítico de los momento habidos en la casi acabada guerra civil en Siria.

Es duro reconocer que una crisis como esta del Golfo, llamada a producir perturbaciones económicas muy severas al menos, no estaría ahí sin haber mediado errores tan graves como el del presidente Trump cuando se retiró del Tratado Internacional con Irán para que regresara a legalidad Internacional con el armamento nuclear.