USA-Irán: desde la tensión a la transición

Pero hay más que eso. La aceleración del cambio internacional que ha supuesto el paso del envío de una gran flota de Estados Unidos a la embocadura del Golfo Pérsico, frente al Estrecho de Ormuz, al planteamiento de una negociación entre Washington y Teherán, pasando por los daños comerciales ocasionados a los iraníes con la restricción a sus exportaciones de crudo, por la merma de ingresos que ello ha supuesto a sus arcas nacionales; el cambio tan profundo que ello ha significado, expresa un giro en la dinámica internacional que alerta sobre las mutaciones generadas por las iniciativas de la actual etapa presidencial en los Estados Unidos.

No hay cambio sin reflejo contable. Los de Donald Trump son, en todo caso, notorios. Lo están siendo muy claramente, en el caso del abandono del acuerdo nuclear con Irán. También en la defección del Acuerdo sobre el el Clima. Y no digamos de lo mucho que ha supuesto su apostilla brutal a la comunión económico-militar de la Alianza Atlántica. Antes o después, lo que se hace en unidad de doctrina y continuidad de procedimiento, acaba resolviéndose en un rango parigual de resultantes. O lo que es casi lo mismo: donde las dan, las toman…Alemania envía a Teherán a su Ministro de Asuntos Exteriores, al margen de los ruegos y encargos para los que habrá comisionado al Primer Ministro de Japón, potencia con la que los iraníes mantienen excelentes relaciones políticas y económicas.

Así, tanto Japón como Alemania ofician de puente para que fuera factible la transición de vísperas para una guerra de gran formato y complejidades de correspondiente escala, a un escenario diplomático en el que pesa la relevancia global de la Unión Europea.

Un optimista podría entender que ha comenzado la cuenta atrás para la caída poco menos que en picado de los humos trumpianos, sin falta de procesamiento para el arrumbamiento presidencial en Washington.