¿Suspicacia rusa por la alineación española contra la actual Caracas?

Ateniéndose al viejo principio de que la mejor defensa puede ser un mejor ataque, la diplomacia rusa - alineada con la de China y el régimen cubano, asociados en la maniobra internacional de buscarle un respiradero europeo a la dictadura de Nicolás Maduro -, carga con una protesta contra la denuncia española de las imprecisiones hostiles en los medios rusos sobre los sucesos del separatismo en Cataluña.

Las imprecisiones programadas y las mentiras simuladas, en todo o en la parte de una misma cuestión, se esgrimen en los talleres de la intoxicación internacional en la que son maestros quienes se formaron en la escolástica soviética del KGB que formó gentes y agentes como Vladimir Putin y otros de sus coterráneos que con él han hecho, en la política de su tiempo, poder y fortuna.

Ninguna ocasión mejor que esta oportunidad histórica de ahora, con la URSS extinta y muchos de sus activos de utillaje político en el mundo internacional en la cosas y los hombres sobrevenidos en aquel entonces, disponibles como el propio Putin, tal como este mismo tiene expresamente manifestado por escrito. Pues no sólo calificó de “error geopolítico” la liquidación, sino que eventos como la anexión de la península de Crimea ha venido como a probar propósito y voluntad de restaurarla.

Pero la Historia no se repite. Cada tiempo, histórico o no histórico, tiene su afán y su propio destino. Y aunque la vuelta de Crimea a Rusia tenga evocación sovietizante, el eje ruso-chino-cubano en torno a la dictadura comunista venezolana. Una operación como envuelta en el celofán del auspiciado patrocinio noruego para otra prórroga a la dictadura sovietizante de Nicolás Maduro. Un remedo de Guerra Fría en el Occidente americano.