Libia: irrelevancia política y opulencia económica

“No hay condiciones para un alto el fuego en Trípoli”, ha manifestado el Mariscal Haftar el responsable de la campaña militar que tiene ocupado el Oriente de Libia, al presidente de Francia, E. Macron.

A un coste provisional de 500 muertos; 75 000 libios fuera de sus casas y otros 100.000 entre dos fuegos según la ONU. Tal es el muy esquemático balance de la situación en que se encuentra este Estado norteafricano luego de la caída del régimen de Muamar el Gadafi y del levantamiento del referido mariscal contra el Gobierno establecido en la capital tripolitana.

El conflicto militar, iniciado a primeros del pasado mes de abril, parece resultante, en principio, de la nula vertebración política del petroestado gadafiano, construido sobre el excedente económico del crudo y el muy superavitario vigor político de un régimen militar y nacionalista expresado en clave de caudillismo árabe de la escuela egipcia del naserismo. Pero la ecuación líbica del que fue emporio político en el nacionalismo norteafricano, resultó incapaz, en distintos plazos, de digerir, dos cambios históricos: la caída del nasserismo, tras el asesinato de Anuar el Sadat por los Hermanos Musulmanes y, después de ello, la caída de Hosni Mubarak también en Egipto, dentro del efecto carambola, por el norte de África y Asia Menor de la llamada “Primavera Árabe”, que había comenzado, a Poniente del espacio líbico, en la República de Túnez.

Demasiado cambio de circunstancias sistémicas en su recipiente geohistórico como para que Libia con sus ingentes riquezas subterráneas en petróleo, y también en agua bajo las arenas de su desierto, no se encontrara en el brete cósmico en que se encuentra ahora. Especialmente si se echan las otras muchas cuentas correspondientes al yihadismo y a las presiones de los diversos imperios de aquende y allende… El Mariscal Haftar tiene toda la razón.”

No hay condiciones para un alto el fuego en Trípoli”.