Interrogante internacional sobre el futuro político de Venezuela

La muy rigurosa novedad de que el régimen del presidente Maduro, se abra a estas alturas de la Historia a la hipótesis de elecciones para la Asamblea Nacional, cuando las urnas no se habían abierto aun desde la contundente derrota que sufrió el chavismo en diciembre de 20015: vencido por una mayoría superior a los dos tercios, tan significativa que ocasionó la activación automática de un precepto constitucional que obligó al ya entonces presidente de la República de Venezuela a convocar un referéndum revocatorio; cosa que Nicolás Maduro no hizo, aunque sí, como el lector conoce, perpetrar un Golpe de Estado, consistente en crear un Parlamento añadido: Cámara Constituyente, de la que “tomó el Poder” para seguir gobernando desde el Palacio Presidencial de Miraflores.

Desde ahí en adelante, la relación entre el el régimen y la Oposición de encauzó en un vertedero de confusión política orquestada con la batuta maestra del expresidente del Gobierno español José Luís Rodríguez Zapatero, en una suerte de adaptación de las confusiones de la Ley de La Memoria Histórica. Desde tal disposición de los referentes del diálogo político, no había modo de concertar, junto a otros sabidos obstáculos, unos mínimos soportes de normalidad de relación pacífica entre el Poder y la Oposición. En gran medida por todo ello surge la interrogante internacional del porqué ahora sí el régimen maduraste de Caracas se abre a la factibilidad de unas elecciones parlamentarias, para la Asamblea Nacional.

¿Estará la clave en la Conferencia de Oslo? Sea por lo que sea, siempre será mejor que el recurso a la fuerza, venga ésta de donde venga.