Divorcio estratégico en Occidente

En un contexto de iniciada violencia dentro de la primera geografía mundial del petróleo, cuatro ataques simultáneos a otros tantos buques cisterna – dos saudíes, uno emiratí y otro noruego -coinciden poco menos que cronológicamente con la retirada de un navío de guerra español, la fragata “Méndez Núñez”, integrado en la flota norteamericana de combate que navegaba hacia el Estrecho de Ormuz, en pos del Golfo del Petróleo. Punto geográfico por donde circula el 25 por ciento del crudo que se consume en el mundo, dentro de un clima político de presión iraní, replicante a la amenaza norteamericana contra la exportación iraní de crudos de petróleo.

El escenario de estos ataques es la específica referencia geográfica del evento geopolítico desencadenante del proceso diplomático que trae el grave disenso entre Estados Unidos y la Comunidad política europea integrada en la UE. Pretende ésta salvaguardar el Acuerdo del que se fue Estados Unidos, por vía de un disenso con sus aliados atlánticos, algo que cabe entender como la piedra primera del divorcio geopolítico en el seno de la Comunidad Atlántica, encastrada con la disputa abierta por Donald por la supuesta insuficiencia del gasto militar europeo en defensa dentro de la OTAN.

Flotando sobre todo ello se alza la sombra de las referencias de Trump en las que ha venido a definir su cartografía política y su percepción histórica del más reciente y decisivo pasado de nuestro mundo contemporáneo, más allá de su comportamiento acrítico con Israel y su no menor criterio con el integrísimo de Riad. Además de su ignorancia operativa con el putinismo