Algo más que tensión crítica en Venezuela

Cuanto dé de sí la protesta convocada por J.Guaidó, presidente interino de Venezuela, para hoy sábado, por el secuestro de E. Zambrano, su vicepresidente, por la policía política, el SEBIN, en su automóvil y remolcado con una grúa, acusado de participar en la liberación de Leopoldo López, refugiado ahora en el domicilio del embajador de España en Caracas; una manifestación de protesta que se pretende de gran porte para así denunciar el golpe al Parlamento Legítimo – el salido de las últimas elecciones legítimas, las de diciembre de 2015, en las que el chavismo, encarnado por Nicolás Maduro, sufrió una derrota superior a los dos tercios de la Asamblea Nacional, lo que determinó que el entonces presidente de la República resultara obligado, constitucionalmente, a convocar un referéndum revocatorio. No lo hizo Maduro porque hubiera supuesto la pérdida del poder, tal como preveía lo constitucionalmente establecido.

En lugar de lo dispuesto por la Carta de Derechos de Venezuela, se llevó Maduro la mano al fondo de la manga y decidió montarse su Golpe de Estado. De la manga del derrotado presidente salió otro Parlamento, una Cámara de funciones Constituyentes y de capacidades legislativas que suplían las de la Asamblea Nacional. Una trampa tan del todo redonda como golpe de ilegalidad, con lo que se suplió el debe ser de la norma constitucional por el  “quiero que sea”, que le rota al ladrón de las riendas del Estado.

Pero lo que ilustra el presente nacional de Venezuela, en su presente nacional de tropelías contra el Derecho, es lo denunciado en Paraguay, en una conferencia, por José María Aznar: “ Venezuela no sólo es una es una  dictadura, es un narcoestado”. Cabría añadir la precisión de que ello no se basa en el hecho de que la DEA norteamericana apresara por cocaína a sobrinos del matrimonio Maduro, sino por el pringue de jefes militares de ahora involucrados en la complicidad y en la aquiescencia con la narcolaboración de los asistentes castristas : que vertebran la base pro-rusa entre mandos militares venezolanos.Se trata de nexos y sintonías que se remontan a los tiempos en que Nicolás Maduro, en vida del presidente Chávez, oficiaba como ministro de Asuntos Exteriores y, en razón de ello actuó como defensor del hondureño presidente Celaya, al al que depusieron Tribunal Supremo y Ejército, por su golpe de Estado, consistente en aumentar los plazos constitucionales de su mandato en la Jefatura del Estado.

Discurría por Honduras, entonces, la ruta preferente hacia el mercado estadounidense, de la cocaína, droga que las. FARC elaboraban en las selvas de Colombia. Gran tráfico de cuyas rentas se nutría también una Eta colaborante asimismo en la crónica chavista de aquel entonces. No hay hijos sin padres ni efectos sin causas. La calamidad nacional venezolana de Nicolás Maduro trae filiación certificada.