Maduro reemprende la represión

Alentada por los mandos militares rusos llegados a Caracas, la dictadura de Nicolás Maduro ha vuelto a encarcelar a un diputado del partido de Juan Guaidó, elegido en las últimas elecciones libres habidas en Caracas durante el chavismo, urnas en las que éste fue derrotado por una mayoría superior a los dos tercios, por lo que el Presidente hubo de convocar un referéndum revocatorio de su mandato. El ex conductor de autobuses dio un volantazo político, un golpe de Estado, mediante el cual creó la Asamblea Constituyente, reservándose su presidencia y con ello la jefatura del Estado.

Si existía entonces en Venezuela un problema nacional susceptible de agravarse en términos interiores y en sus componentes exteriores, ese ese no era ni es otro que la pérdida del poder por el peso invalidante de la derrota sufrida por Nicolás Maduro en las últimas elecciones libres habidas en Venezuela.

No hubo después otra urnas. La dictadura bolivariana inició así una singladura generadora de consecuencias letales para la democracia en América, no sólo en el ámbito bolivariano. Hibridada con el régimen comunista cubano, en cuya escuela ideológica se formó Nicolás Maduro, navega regionalmente en el ámbito iberoamericano, a la vez que en rango global lo hace con el neosovietismo putiniano. Asimismo, con el castrismo mantiene un relación simbiótica: paga con petróleo la fiscalización política de la jerarquía militar venezolana, y en el otro tramo de la ecuación, el aliado ruso de la dictadura venezolana paga el arrendamiento estratégico de una cabeza de puente en el Caribe con el suminsitro de armas cortas para las milicias comunistas que dominan las calles frente a las mayorías nacionales que padecen la dictadura castro-bolchevique y chavista.