La brutalidad política en Iberoamérica

La crítica frontal, condenatoria, formulada por el Papa dias atrás a los regímenes de poder vigentes e Venezuela y Nicaragua, estribada en su legitimidad por el hecho de que en uno y otro pueblo cada mayoría nacional es de confesión católica, se ha visto más que justificada en su oportunidad por la rígida contumacia de la estólida dictadura chavista en las actuales manos de Nicolás Maduro y también, muy especialmente, en el caso de la Nicaragua de ahora mismo, una dictadura explotada en régimen de gananciales por Daniel Ortega, con violencias sin cuento y represión que desborda muy de lejos la represión somocista contra la que se levantó el sandinismo.

Salga lo que salga de las urnas del domingo, la política española para Iberoamérica habría de tomar con especial rigor y cuidado la promoción de valores que más se corresponden con los activos históricos de nuestro pasado en el Nuevo Mundo. Nacionalmente, no nos conviene creernos las mentiras de la Leyenda Negra sobre nuestro pasado imperial.