Como un naufragio general de las identidades colectivas

Al hilo de una pregunta hecha a Fukuyama sobre la irrupción de Vox en la política española de ahora mismo, ensamblada en el debate sobre el denominado “espacio Schengen” en la dinámica de las identidades dentro de la Unión Europea, la cuestión de cómo corresponde encajar esta materia opinativa por la vertiete nacional, o por la internacional, se abre como interrogante acuciosa sobre la linde de los fascismos, o como materia común en toda cuestión al uso dentro de estos horizontes electorales de ahora mismo.

Lo que sin embargo ocurre es la heterogeneidad “compartida”, tanto en ámbito común de la UE, con el marco específico y singular de la nación española, o en el rupturismo separatista, nuevamente cursante en tierra de Cataluña, y con el Brexit británico, adobado con sus tartamudeos  en el proceso de evolución y la inestabilidad de los consensos.

Mientras en nuestra peripecia catalana el sismógrafo luce hacia atrás, el regüeldo de los años 30, y ahora en el presente procesal, las fantasías oníricas fermentadas por la ingesta irregular de los recursos fiscales y las huellas fecales del Estado.