Después de más de tres años Maduro cede ante la Cruz Roja

Un trienio y 90 días ha tardado la dictadura de Nicolás Maduro en levantar el chantaje a los venezolanos para que se sometieran a los carnés de adhesión al régimen y así poder acceder a los alimentos de los hogares y a los medicamentos para los enfermos. Abiertos los accesos fronterizos en los límites con Brasil y Colombia, se abre la puerta para resolver la crisis humanitaria en que desembocó el fracaso tridimensional del régimen chavista: en lo político, lo económico y lo social. Pero el levantamiento de las barreras para los socorros de la Cruz Roja, que cabe entender se extenderá para remesas anteriormente remitidas y retenidas, con todo lo mucho que supone en lo solo humano, resta lo esencial del problema venezolano, que es la cuestión política, de la que deriva todo lo demás.

Y, por supuesto, el frondoso conjunto de daños sociales y políticos, son de un nivel que no les va a la zaga. Derivadas de la migración que todo ello ha generado generan patologías sociales de obvia magnitud en lo social, como el disparo de la prostitución en todos sus componentes y concurrencias delictivas, principalmente el rufianismo organizado en mafias al acecho de los fragmentos de población desasidos de la paz social por el impacto poliédrico de la dictadura gansteril en que derivó el régimen bolivariano de Hugo Chávez con las aportaciones añadidas por Nicolás Maduro, que lo heredó con su corte de conmistiones, concurrentes todos en el disfrute de la herencia política; especialmente, el segundo jerarca del actual sistema.

Un cambio cualitativo puede haberse producido, negativamente, para el régimen venezolano por el acuerdo con la Cruz Roja sobre aportes de socorros. Guiadó, el presidente optante, ha denunciado el vacío político de la operación, la irrelevancia sistémica del suceso. En cierto sentido es como una convocatoria para que los demás, especialmente Washington, decidan ahora movilizar lo que enviaron sin reparar en precio.