Obligada y no única hipótesis

Pudo ser, como en principio y oficialmente se convino, alientes aún las cenizas del apabullante incendio que ha devorado tanta Historia, tanta devoción y tanta belleza en la tarde noche de un París roto y asombrado; pudo ser, digo, que un accidente en tareas no inéditas de restauración en la techumbre de la catedral de Notre Dame, que el muy devastador y anonadante suceso de este lunes de dolor, fuera debido en parte primordial al concurso de una acción terrorista, por dos géneros y condiciones de probabilidad: el peso próximo y ya histórico de los precedentes de terrorismo islámico en Francia, fuera y dentro del propio París, y por el valor simbólico y significativamente lesivo del daño y dolor causados por el hipotético atentado terrorista, y no necesariamente de mano islamista.

Aunque en la lógica de la barbarie, deba ser esta la hipótesis prevaleciente, pues el aberrante discurso del terrorismo islámico, dentro de lo que es propio de todo terrorismo, el del ISIS, alcanza rangos inigualados.