El gen de la droga en la dictadura de Maduro

La ronda diplomática de Pompeo, Secretario de Estado de Donald Trump, por el espacio centroamericano, para ajustar la óptica de Washington sobre la crisis dictatorial venezolana, incluye una variante notoria: la del énfasis estadounidense en la supuesta pasividad del aliado Gobierno de Bogotá ante el peso de la droga procedente de sus selvas tras del teórico fin de la presencia en éstas de la guerrilla de las FARC, que durante su larga historia de actividad se financió con el muy pingüe tráfico de la cocaína. Tan congruo menester llevó, en ese como en otros casos, a implicar a gobernantes, como en el caso de Honduras, en el que presidente Celaya amplió el plazo de sus poderes más allá del límite marcado por la Constitución, a demandas del narcosistema.

El Tribunal Supremo hondureño y las Fuerzas Armadas, de común acuerdo, desalojaron a Celaya de la Presidencia de la República. Y se montó el consecuente pandemonio de los Gobiernos asociados al pingüe negocio de la cocaína, principalmente enfocado al mercado de los EE.UU., a cuyos efectos, el espacio hondureño aportaba un valor logístico de primera magnitud. Tanta como la polvareda regional que se montó. A la sazón, el presidente Chávez tenía a Nicolás Maduro como ministro de Asuntos Exteriores, y en tal menester brilló con celo muy notorio el actual presidente venezolano. Con los años, la DEA norteamericana, en su labor contra la droga, echó el guante a dos sobrinos de la familia domiciliada en el Palacio caraqueño de Miraflores, residencia del actual e ilegítimo Jefe del Estado de Venezuela. Su fuga demográfica rebasa ahora los tres millones de emigrados del país; cifra que, para fines de 2019,elevará a cinco millones el total de emigrados por desafección al régimen.

La presión norteamericana contra la dictadura del “Hijo de Chávez” se viene a flanquear ahora con críticas al Gobierno colombiano por lo que considera negligencia suya respecto del subsistente flujo de la cocaína colombiana, procesada en sus lugares selváticos de siempre por los guerrilleros que no se sumaron a los acuerdos de paz con el anterior Gobierno colombiano.

En términos de contrapunto geopolítico, en la dictadura de Maduro, se encuentra consolidada por la presencia militar rusa en junto a dotaciones de armas ligeras de guerra para las milicias del chavismo, concebidas como policía de régimen que implementa, en el plano civil, la función vertebradora de los servicios de inteligencia cubanos en la estructura militar venezolana. Algo que hubiera sido impracticable sin el paso de Maduro, en su juventud, por los Talleres Revolucionarios de La Habana. La cocaína colombiana no ha sido la única droga presente en la Venezuela del chavismo; el comunismo pasado por Cuba ha sido la otra droga cursante en la dictadura chavista.