Rescate papal de un obispo nicaragüense

La llegada a Roma del obispo Silvio José Baez, llamado por el Papa, ha coincidido con el aterrizaje en Caracas de un representante de la Cruz Roja. Convergen en fechas, estos dos viajes que guardan en común notas de fondo sobre graves asuntos, respectivamente, del alma y el cuerpo; pero no sólo del individuo, también de las correspondientes sociedades nacionales afectadas: la de Nicaragua, en el caso del prelado, y la de Venezuela, para lo referente a la Cruz Roja. O sea, compartida carencia de libertades políticas en venezolanos y nicaragüenses, y miserias a destajo en lo tocante a los alimentos y a los cuidados médicos y sanitarios. En síntesis, como un dúo de paraísos progresistas dentro de la América que se mira en el espejo totalitario de la Cuba castrista.

El Papa Francisco ha querido preservar la vida del prelado Silvio de la siega de objetores cosechada en Nicaragüa -300 en sólo un año – por el matrimonio Ortega, acompañada de varios centenares de huidos al exilio, mientras que la no menos totalitaria dictadura de Nicolás Maduro sigue terne en su empeño de que las enfermedades y las hambres si los remedios no llegan de Rusia, China y Turquía -cuates y conmilitones – o de la aséptica Cruz Roja-, mientras toneladas de de socorros norteamericanos y de vecinos, llevan semanas de pudrición bloqueadas en la frontera.