Cruce de caminos en la Comunidad Atlántica

En tanto que el peso del Brexit británico trae la tensión en la UE sobre las alternativas que ello plantea en el medio y el largo plazo al Reino Unido, especialmente en lo que corresponde a la relación interna del Gobierno de Theresa May con la Oposición laborista, por una suerte de forzada rectificación en el seno de su Parlamento, en la otra parte de la orilla atlántica cunden los encuentros y las consideraciones históricas propias del 70 Aniversario de la creación de la OTAN sobre la base del Pacto Atlántico.

En el universo contemporáneo de la libertad política hace algo más que llamar la atención la convergencia de estos dos escenarios de la Historia Occidental: el de lo que puede ser la rectificación británica en su apuesta por la Unión Europea y el de la ratificación occidental de su Alianza para la defensa de las libertades democráticas frente a lo que fue la antítesis de ello, nucleada en torno a la Unión Soviética, cuya desaparición desde su derrota en su guerra de Afganístán, fue calificada por Vladimir Putin de “catastrofe geopolítica”.

Al aire mismo de tales consideraciones putinianas, pocos años después, el mismo presidente ruso, luego de la última guerra en el Cáucaso y en la cursante campaña de secesión en el Este de Ucrania, rubrica la anexión de Crimea (que Kruschev había devuelto a los ucranianos) con el levantamiento de un puente que enlaza la península anexada con el territorio ruso y que, al paso, enfatiza la amplia pretensión putiniana sobre la plenaria cuenca del Mar Negro, abrochándola geopolíticamente con la base naval de Latakia, de soberanía siria en el Mediterráneo y no lejos de la costa libia, dónde cunde ya a medio fuego la reanudación de la guerra civil libia.

En tal contexto, las dubitaciones hamletianas del Reino Unido sobre la Unión Europea, a propósito de plazos y condiciones para saber si se va o si se queda. Cuánto de factura y cómo de fractura.