Méjico: como amores que parecen odio

Habrá que preguntarse qué cúmulo de errores se han cometido, por omisión o por comisión, en el cuidado del activo histórico español cuando sobrevienen incidentes de tanto bulto como la pata de banco del presidente de Méjico sobre el balance de la gesta española durante su colonización, a la hora de exigir méritos e identificar responsabilidades. Vista la brutal ignorancia del Jefe del Estado López Obrador sobre la realidad de lo sucedido en la conquista mejicana - de la que se cumplen 500 años -, no solo habrá que lamentar aquello de “Pobre Méjico, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.También será menester condolerse de la impotable defensa de su identidad nacional desde el vértice de las responsabilidades patrias, tal como ha incurrido el cursante mandatario.

Cabe, sin embargo, la esperanza de que el yerro garrafal de la carta tan desafortunada sobre la verdad histórica de la fundación mejicana, sea pronto reconocido y la verdad restablecida. O sea, paladinamente celebrada. Y, a propósito de todo esto, conviene reflexionar sobre la necesidad patente de que los españoles vengamos a reconocer lo necesario que es la más urgente revisión de los criterios de gobierno en este orden de materias, en el orden de las prioridades del Estado, para la política de Enseñanza y sobre criterios por los que se rigen los programas de la Escuela Diplomática.