El síndrome ruso regresa al Caribe

Es la isla venezolana de Orchila el punto sobre el que se especula, en el mar de Venezuela, donde se instalaría la base rusa. Sería el desenlace de las idas y venidas de los grandes aviones rusos; unos, con carga de armamento militar, y otros, como este último, con pasaje de mandos castrenses para la tropa de la Federación Rusa. En este último desembarco figura el jefe del Estado Mayor de Vladimir Putin. Genéricamente, el desembarco de material ruso actual reproduce y corresponde a lo transferido al Caribe en tiempos de la Guerra Fría, con la crisis de los misiles, destinados a la Cuba de Fidel Castro. Lo de ahora corresponde al heredero régimen venezolano de Nicolás Maduro, el “Hijo de Chávez”, refundido políticamente en los Talleres de La Habana, a los que accedió luego de enrolarse en el chauvinismo tras de su rodaje “académico-laboral” al volante de autobuses urbanos.

Más allá del paralelismo, localizado en el Caribe, de las arribadas rusas por los aledaños de la Primera Potencia Mundial, el ángulo de interés en la materia no corresponde, en el componte geopolítico de la cuestión, sino en la evolución de lo que parece ser tranco final del régimen bolivariano. Un periodo críticamente configurado en torno a la persona de Juan Guaidó, presidente Interino de Venezuela, con el apoyo de 50 Estados y el correlato de la catástrofe tridimensional - Social, Política y Económica - en que se encuentra sumido el país. Un estado de cosas que ha mostrado su semblante final con el desplome de los servicios públicos capitales de la electricidad y el agua potable en las principales áreas de la población venezolana.

Es en este inmenso caos en el que Nicolás Maduro ha sumido al país cuando Vladimir Putin parece redoblar el desafío de su apuesta por el responsable de la catástrofe nacional de Venezuela. Confesado por el presidente ruso su añoranza por el clima histórico de la  tensión geopolítica existente en el mundo cuando aun existía la la URSS, esta reedición de la asistencia soviética a la Cuba de los Castro en formato de ayuda militar a la dictadura de Nicolás Maduro, cabe entenderla tanto como un Gusto que se da como advertencia a Occidente para que acepte la fase final de la anexión de Crimea, materializada con la construcción del puente que la enlaza con el Territorio ruso.