Italia, por la estela de Marco Polo

¡Quién hubiera dicho que a estas alturas de la Historia Universal, se volviera a optar en solitario, desde el europeo e itálico Mediterráneo Central de ahora mismo, por la estela que trazara en su día Marco Polo!, relanzando una conexión eurasiática de muy alto voltaje potencial a corto y medio plazo, tanto en un sentido positivo, de tecnológica colaboración, como en lo opuesto, de colisión en los planos de las tecnologías, las economías y las estrategias políticas y bélicas.

Desde la Italia abierta a los disensos en el seno la Unión Europea, al tiempo que algo más que sólo inquieta por los sarpullidos populistas en el conjunto de la Unión Europea, y en tanto que ésta no acaba de encajar los desafíos, displicencias y sinsorgadas del presidente Trump, igual en la diplomacia – con sus requiebros a Netanyahu – que en las cuentas de la geopolítica, para lo que respecta a la relación con Rusia y las relaciones con la China de Xi Simping, la decisión italiana de tirar para adelante, en solitario, mientras el resto de los Gobiernos integrados en la Unión Europea se hacen copartícipes de las cautelas del Gobierno de Washington en lo que respecta a las luces y las sombras que rodean los propósitos de este Pekín de ahora.

La  arrancada italiana puede que venga a traer más debate de lo que parece. Lo sabremos pronto. Europa necesita ahora, y para después, obviamente, menos sobresaltos. Lo que no obsta los reconocimientos a Marco Polo. Aunque sólo sea por el sonido que, con el bronce de las campanas, hizo que se escuchara, en la Cristiandad, la alegría de los vivos y el recuerdo para los muertos.