Compás británico de indeterminación histórica

La aceptación de principio por parte de Donad Tusk, presidente del Consejo Europeo, del aplazamiento corto del Brexit británico con la Unión Europea, aunque condicionado al previo consenso interno del Parlamento británico, pone sobre el tapete la crisis mayor en que se encuentra atascado el Reino Unido de la Gran Bretaña respecto de su destino histórico. La cuestión de fondo trasciende tanto las alternativas históricas a su geográfica condición isleña, como asuntos previos, el de la propia capacidad nacional para emprender rumbos, históricos alternativos. en su propia raíz, a lo que fueron los derroteros capitales que han vertebrado su propia realidad histórica. No pocos serán quienes, por ejemplo, para más profundamente reflexionar al respecto, repararán en lo que fueron las objeciones de principio por parte del general De Gaulle ante la voluntad británica de incorporarse a la aventura histórica que, en principio, ya suponía adherirse a la aventura de lo que “sólo” era el Mercado Común.

La singularidad histórica del Reino Unido, y la de cualquier otro Estado, viene definida por lo que puede llamarse su “coeficiente de complejidad”, lo que decirlo sin más no deja de ser una obviedad. Pero el problema reside en que no se repara lo suficiente en el grado singularísimo, que es propio del hecho histórico del Reino Unido. Pensemos que eso pueda ser el quid de la cuestión.