Brotación del radicalismo islámico en Filipinas

La sabida presencia musulmana en Filipinas no ha podido esquivar el contagio letal del radicalismo islámico. No son de ahora los episodios de violencia armada como variante dentro del Islam establecido en el Sureste Asiático, principalmente en Indonesia. Pero ha sido principalmente en la isla de Mindanao donde el islamismo radical terrorista prendió en las brasas del wahabismo, a cuyo flanco vino a brotar la Al Qaeda de Ben Laden, como añadida facción de combate en las fuerzas del nacionalismo afgano sublevado contra la ocupación rusa de Afganistán: una campaña militar, inducida por la CIA norteamericana, y cuyo alcance geopolítico operó como determinante histórica en la implosión de la Unión Soviética. Suceso este calificado de “catástrofe geopolítica” por Vladimir Putin, quizás el más relevante nacionalista ruso del Siglo XX.

Pero a lo que íbamos. A caballo de la minoría musulmana en la isla filipina de Mindanao se ha operado la brotación, ciertamente vigorosa, de un radicalismo islamista, recrecida ahora cuando en Siria está incursa en un compás de desaparición, después de haber tenido una presencia tan sonada en el principio de esa guerra, que ya ha cumplido los ocho años; presencia que fue bastante para concitar el concierto bélico de rusos y norteamericanos.

Sus cofrades filipinos en Mindanao acaban de recibir un tratamiento bélico de mayor cuantía al cabo de una operación con varias decenas de muertos. Y quedan a la espera de qué se le ocurra hacer con ellos al presidente Duterte. Probablemente, a la vista de como se las gasta este personaje, lo más razonable es pensar que se les aplique el el mismo código que reservaba a los narcotraficantes.