Maduro acuña la libertad intervenida

Era una de las piruetas finales que faltaban a la dictadura subcastrista, que aun aguanta en Venezuela como eventual última fase de la izquierda iberoamericana. Consiste el hallazgo sistémico del actual residente en el Palacio caraqueño de Miraflores en imputar a un periodista hispano-venezolano el apagón en que está sumida la capital del país, junto a los servicios públicos dependientes del suministro eléctrico; detenerlo seguidamente, y luego devolverlo a la calle envuelto en un conjunto de prohibiciones respecto, principalmente, a la libertad de expresión, algo que, al parecer, tiene algo que ver con su quehacer profesional, puesto que el periodismo es su profesión y no cualquier otro menester.

Luís Carlos Diez es el colega a quien el régimen de Nicolás Maduro detuvo días atrás, metiéndole en la Sebin, la policía política; sumándolo a la nómina de los 40 periodistas allí detenidos. Y, justo es decirlo, en un contexto de tensión nacional generada, en principal medida, por la presión Dejen Guaidó del presidente de la Asamblea Nacional y primera figura de signo democrático y legitimidad representativa frente al secuestro de la constitucionalidad. Encarnado en el último último tramo del sovietismo Iberoamericano.