¿Argelia pasa página?

Por supuesto que la pasa. Se trata, obviamente, de saber cómo lo hace. En esencia, todavía a estas horas, sólo hubo el fin de un protagonismo capital: el de todo un caudillaje, una jefatura política singular, en alto grado: por la abstrusa complejidad del camino andado en los veinte años de ruta navegados por Buteflika al timón de un tiempo, asaz complejo, en la última crónica viva del pueblo argelino, tras de su emancipación y a lo ancho del conjunto de la emancipación colonial del mundo norteafricano. Incluido en ese trance la historia abierta desde la mal llamada “Primavera Árabe”. Vigente en rescoldos aún por Siria y por Yemen, luego de haberse apagado recientemente por Damasco, y de enterrar regímenes y gobiernos como los de Libia y Egipto, además de microentidades soberanas dispersas por las nerviosas aguas del Golfo del Petróleo.

También a los espacios que revolvió la Primavera Árabe, aunque integrados éstos en los tiempos de ahora, corresponden tensiones que siguieron pulsando más allá de los primeros tiempos de los 20 años con Buteflika al mando del Estado. Tales y otras páginas norteamericanas subsisten – en Argelia también- en este enrocado crepúsculo biológico del estadista Buteflika.

Está complicado y difícil esto de “pasar página”, de entender contestados y resueltos, asuntos y problemas ya superados: la geopolítica de un mundo que se abre principalmente bajo el blando vientre de Europa y al que, por otro lado. no dejan los rusos de acercar la mano. La Argelia de Buteflika, vista desde otra lente, populista, no deja de ser como otra camuflada página de Europa…