Bajo el síndrome de las siete plagas

Venezuela, incursa en una acumulación de calamidades nacionales por el desplome de servicios públicos de importancia capital, principalmente en Caracas, con los sostenidos cortes del fluido eléctrico y del suministro de agua potable, ilustran sobre la magnitud del fracaso gestor alcanzado por el epílogo totalitario del régimen chavista, que encarna Nicolás Maduro. Todo ello se ha venido a sumar al cumplido plazo que para este último fin de semana auguraba el movilizado sentir colectivo agrupado en torno a Juan Gauidó. Y junto a ello, por si algo faltara, la expulsión del embajador de Alemania, que ha traído, como efecto, la sanción colectiva de los Gobiernos nacionales de la Unión Europea.

De una u otra manera, difícil resulta encontrar un precedente de catástrofe política nacional nacional de las magnitudes que presenta la Venezuela bolivariana, tanto en la gestión económica, la agresión a derechos humanos y una corrupción tan estamentariamente distribuida a lo ancho del régimen y del Estado. Y en lo que toca a la expulsión del embajador alemán, no cabe apartar la sombra de una eventual inspiración rusa, pues a lo que parece no basta al régimen con la demonificación de los EE.UU. y la atribución a Donald Trump de cuantas calamidades afligen a Venezuela.

A tanto y tan puntualmente llega, con Maduro, el epigonismo comunista del castrismo cubano, con el que se destetó ideológicamente en los Talleres de La Habana, bajo el patrocinio de Hugo Chávez y el padrinazgo de los Castro. Pero, en todo caso, sería lo más oportuno saber, en estas cantadas últimas horas de la tiranía madurista, cuáles fueron los mensajes llevados por Delcy Rodriguez a Putin, en su última visita a Noscú, al igual que las consignas recibidas de éste para Maduro. Dado que se siente más legatario y heredero de Fidel Castro que de su “padre” Hugo Chávez.