Cubanización de Venezuela

No se trata, por supuesto, por contagio de ritmos y sones; es por otra cosa que cadencias y otros deleites. Menos todavía que síntesis nacional de proyectos urdidos desde una voluntad cooperadora en la idea de rescatar, compartidamente, lo que pudo ser un proyecto de verdades hispánicas, por concurso de sangres y luces del espíritu. No. De lo que va, menos el drama y la probable tragedia, es de la fagocitación sovietizante, por vía habanera – de la mamada por Maduro en su proceso de alfabetización, menos cubana que bolchevique, en que las manos le olían más a volante de autobús que a futuro timonel del Estado pretendidamente bolivariano.

La cubanización por la que cursa la Venezuela de ahora mismo es, dicho en una sola palabra, la rusificación. La conversión, por mano de Vladimir Putin y la aquiescencia servil del postcastrismo cubano, del chavismo subsistente en la Venezuela de Nicolás Maduro, que ha hecho el milagro inverso de arruinar de arruinar la patria con la intercesión de Rusia, puesta ahora a explotarle los yacimientos de oro para cobrar los créditos que le concedió y la fusilería que le suministró para armar a la Milicia Roja frente a un Ejército dividido entre la adhesión remunerada con el pringue de la cocaína, y vertebrada por los interventores cubanos, junto a los que desertan por goteo. La envolvente internacional de este ahora venezolano está asumida  por la segunda de Maduro, Delcy Rodriguez, que acaba de despachar en Moscú el desarrollo de importantes acuerdos económicos suscritos por Maduro con Putin, en su última visita a Moscú. La cubanización plena de Venezuela es ya más que mera hipótesis, una consolidada certeza plena.