Cambia el signo de la crisis venezolana

Ya no es sólo, no es únicamente la presencia de de Juan Guaidó, como representante de los votos secuestrados por el sátrapa Maduro, arrollado por el centro-derecha en las últimas urnas habidas en Venezuela para la Asamblea Nacional, y rebelde al imperativo constitucional de convocar un referéndum revocatorio de su Presidencia de la República, además de irrogarse poderes constituyentes mediante la creación de una Cámara legislativa nueva, con lo que arrumbaba aquella para cuya provisión se habían convocado los últimos comicios parlamentarios.

Por la sobrevenida solución de continuidad, la mayoría defraudada por el golpe contra ley perpetrado desde el chavismo que Nicolás Maduro representa, sobrevino en Venezuela la irrupción política de Juan Guaidó, estableciéndose de tal guisa una situación de hecho, paralela a la norma que se violó por Nicolás Maduro, apoyándose en los restos del chavismo histórico y en los cuadros militares municionados patrimonialmente desde el cohecho y las complicidades en el tráfico de la cocaína colombiana. De ello puede dar cumplida razón quien era ministro de Asuntos Exteriores en un equipo de Gobierno de Hugo Chávez y sobrevino el golpe de Estado en Honduras contra el presidente Zelaya, cuando éste quiso forzar la Constitución para ampliar su mandato y criminal negocio.

Se dijo por aquel entonces que la Honduras zelayista estaba integrada geográficamente en el circuito de la cocaína que la guerrilla comunista de las FARC de Colombia procesaba para su financiación. Todo eso se agolpa en estas horas críticas de Venezuela, cuando en su horizonte ha venido a cruzarse la intemperancia de Donald Trump con el encastillamiento en la oligarquía militar del chavismo, remedo de lo que fue en Cuba con la ejecución del general Ochoa, héroe nacional en la campaña de Angola contra la invasión sudafricana.

Vuelve en estas horas la probabilidad de un choque armado de impulso estadounidense contra la resistencia militar del chavismo a la entrada del socorro humanitario que se acumula en Colombia junto a la frontera de Venezuela.

El signo de la crisis venezolana se colorea de riesgo bélico.