Problema humanitario con la “última batalla” de la guerra de Siria

Con lo que puede ser la última batalla en la eternizada guerra en Siria – que empezó siendo civil, interna, entre los disidentes del régimen de los Asad y el poder radicado en Damasco- ahora localizada en la localidad de Baghuz, junto al Éufrates, aflora un drama de compleja condición dentro de la  multiplicidad de factores concurrentes en el desarrollo del conflicto. Desde el choque de corrientes del Islam, como constante en la crónica de la violencia armada en dos de los Orientes, el Próximo y el Medio, pues el Extremo dispone de sus variables propias en lo geográfico aunque compartidas en la genética, tanto en la ideología como en las constantes geopolíticas de Estados Unidos y la Federación Rusa.

Pero a lo que vamos, conforme el  enunciado de que parece última batalla en de la muy cruenta y polifacética guerra, que en principio fue sólo intestina, ,estrictamente “civil”, y derivó pronto en lance ajedrecístico de geopolítica global centrada en el oriente mediterráneo, aunque también referente a los mares Negro, Caspio y Golfo Pérsico, tanto por sus inferencias en las constantes del petróleo y por sus tangencias en el cisma islámico entre saudíes y chiíes, tan relevante en las dinámicas de tan sostenida campaña militar junto al flanco oriental de la OTAN.

¿Qué destino espera a niños nacidos y los por nacer de las uniones de europeas y otras mujeres con terroristas musulmanes que han luchado en lo que quiso ser en el “Estado Islámico” contra el Ejército sirio y los apoyos recibidos; más de Rusia que de Estados Unidos; hembras, que  se fueron a compartir con sus amores la guerra contra Damasco y antes  contra Bagdad? La última batalla de lo que fue la guerra de Siria toca a su fin, su fin y abre la pregunta de qué espera a tales niños y a sus madres Europeas muchas de ellas; unas combatientes quizás pero otras no.