Intrigante diálogo Washington – Bogotá

La confluencia de dos problemas en la cuestión de Venezuela – el bloqueo de los suministros enviados por EE.UU. en ayuda humanitaria a la desabastecida población por el régimen de Maduro y la eventual intervención norteamericana contra el bloqueo, de una parte; y de otra, el histórico interés estadounidense en neutralizar la fuente de la cocaína colombiana, asunto que no acabó con la retirada de las FARC, que históricamente también habían procesado la droga para financiarse, puesto que restó un remanente guerrillero al margen de los que se fueron, convierten la cuestión Washington-Bogotá-Caracas en un embrollo de mayor cuantía.

De un punto, la confluencia político-humanitaria, en la que confluyen problemas humanitarios y diplomáticos envueltos en riesgos de acción armada. Y junto a ello, la eventualidad de que lo 5.000 soldados de Estados Unidos apuntados en los papeles John Bolton, Consejero de Seguridad Nacional del presidente Trump, estuvieran pensados como apoyo a las gentes de Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional y autoproclamado Presidente Interino de Venezuela, ante el riesgo de que las fuerzas armadas del chavismo intentaran por la fuerza sostener el bloqueo de los suministros humanitarios. Pero es más: cabe la opción estadounidense de aplicar los 5000 soldados a una labor de limpieza, en Colombia, de la narco-guerrilla remanente, en un acción combinada con la DEA, la Agencia estadounidense contra la droga en sus tráficos.

La complejidad del problema a tres es más que solo manifiesta. Y a mayor abundamiento, el desplome del régimen venezolano parece evolucionar de forma progresivamente acelerada, tras de la respuesta poco menos que airada del Papa Francisco a la última petición de Nicolás Maduro para que le ayude a salir de su insuperable atolladero.