La aventura venezolana de ZP

Los sofismas de combate de que se ha valido la dictadura de Nicolás Maduro para permanecer en el poder, tras de su derrota en las últimas elecciones habidas en Venezuela, se han resuelto en recursos que incluyen desde quebrantamientos de la Constitución, al incumplir la norma que le obligaba a convocar un referéndum revocatorio – habida cuenta la magnitud del descalabro electoral sufrido en la referida ronda de votos, ha traído consigo, impulsada desde arriba, un clima de espesa confusión, aderezado, por si algo faltara, por la confusa tarea desempeñada por José Luis Rodríguez Zapatero. Un menester del que solo parece éste parece haberse beneficiado, además del propio sistema allí gobernante, el ex presidente del Gobierno español, impulsor de la Ley de la Memoria Histórica y de la última trapacería estatutaria sobre la integridad de la nación española.

Si a la vista de las mayorías nacionales queda el negativo impacto de tal norma sobre la difícil cicatrización aportada por el proceso histórico de la Transición, otro tanto ocurre con los deletéreos alcances operados desde los las huellas impresas por el mismo ya jubilado preboste socialista en el ámbito estatutario de Cataluña, dentro de la deriva propia del frustrado proceso secesionista.

La doble y diferenciada presencia de Rodríguez Zapatero en aquel callejón político venezolano que no llevaba a ninguna parte que no fuera otra que embridar la protesta de la Oposición que había barrido en las urnas al chavismo, engolfado Maduro en el golpe de Estado, con el secuestro de la Asamblea Nacional, de una parte; y de otra, el eco estatutario de ZP por la cuestión catalana, demandan foco en estas fechas invernales y finales de enero de 2019, cuando las cosas de Venezuela entran en un escenario donde no caben más confusiones. Y en las de España parece que tampoco.