Maduro, amurallado tras la corrupción castrense

A estas fechas del embate contra la dictadura de Nicolás Maduro, con la irrupción en la resistencia democrática del ingeniero Guaidó, una vez instalado en la presidencia de la Asamblea Nacional, cuyos escaños fueron ganados por mayoría absoluta desde la Oposición política al chavismo en las últimas elecciones libres habidas en Venezuela – obligándole a trances de destitución por vía de referéndum revocatorio, esquivado mediante golpe de Estado en forma de presidente de otra Asamblea llamada “Constituyente”, cuya presidencia se reservó-; cuando Guaidó pone su estrategia en promesa de indulto para la cúpula castrense y en rogar a la tropa que no dispare a los manifestantes populares, es oportuno recordar el pasado de Maduro como ministro de Exteriores en el Chavismo cuando el Golpe de Estado hondureño, que tumbó al presidente Zelaya al prorrogar su mandato dos años más de los establecidos, y llegado al poder con los votos de la Derecha, tuvo el apoyo regional de las izquierdas, lideradas por el chavismo, cuya cartera de Exteriores dirigía Maduro.

La Honduras celayista era un tramo clave en el circuito de la coca elaborada por la guerrilla colombiana de las FARC, cuyos réditos financiaban la causa ideológica de sus procesadores colombianos, correligionarios en la región, que enriquecían a intermediadores de toda adscripción política. De ello no estaban excluidos Gobiernos como el de la Cuba comunista, uno de cuyos paladines, el General Ochoa, héroe de la Guerra de Angola contra la invasión Sudafricana, fue fusilado en una de las purgas del régimen castrista, siéndole confiscado un patrimonio de muchos miles de dólares. Y de los pormenores de ello tendría sobrada noticia Nicolás Maduro cuando liberado del volante de su autobús, fue virtualmente informado en el Taller Revolucionario de La Habana, seminario de marxismo-leninismo para la izquierda iberoamericana de la época.

Tales entre otras fueron las fuentes doctrinales en las que abrevaron aquellas oligarquías revolucionarias de la región, con la del chavismo entre ellas. Un legado doctrinal del que se ha nutrido Maduro para fidelizar el Generalato desde que heredó de Chávez el poder del actual régimen venezolano. Tal es la base y el origen del bloque en que se asienta ahora mismo la dictadura venezolana, dónde la función de antaño con la cocaína ha sido suplida por el saqueo de las rentas nacionales del petróleo, previamente reducidas por la inompetencia de sus gestores.

¿Qué esperar, entonces, de la oferta de Guaidó a la oligarquía del Generalato venezolano?, ¿que se le amnistíe de sus prebendas para que la tropa no dispare contra los manifestantes? Dentro de un cuadro así, todo pesimismo tiene asiento.