Tragedia humanitaria, catástrofe política

La tragedia mexicana de Tlahueilpan con 89 muertes y 66 heridos graves mide, en términos de octanaje en llamas, la profundidad y altura políticas, de un problema de Estado que desborda los cálculos de responsabilidad sobre la gestión del presidente López Obrador.

La mortandad ocasionada en otro asalto a un conducto de gasolina de alto octanaje es suceso que recaba miradas desde muy diversos puntos de vista, en los que destaca, muy sobre todos el político, en el que que muy significativamente sobresale el desfase estructural entre la abundancia los recursos energéticos, el subdesarrollo de la tecnología aplicada para el transporte de la gasolina y la pobreza de la población entre cuyas carencias discurren los veneros del petróleo refinado hasta límites muy literalmente explosivos…

Para el presidente López Obrador lo han sido de forma desconsiderada. Llegar al poder en términos como lo ha hecho y toparse de manera tan catastróficamente singularizada, aparte de plasmar los términos de una Inmensa mala suerte, es también un alegato contra la mala gestión con la que el PRI ha pasado, en términos de política social, sobre la historia de la independencia mexicana.