Presión cruzada contra Maduro

Al aire de los cargos formulados por la Corte Penal Internacional contra el régimen chavista – resumidos en el de uso desproporcionado de la fuerza, Abusos y Torturas, la ONU acusa al Gobierno venezolano de Crímenes contra la Humanidad; el llamado Grupo de Lima (Colombia, Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Uruguay, Panamá, Perú, Costa Rica, Honduras, Guatemala, Guyana y Santa Lucía). Todo ello ha venido a tejer una red de presión política internacional, tanto en las Américas como en la Comunidad Europea, en la que España deja sentir el peso histórico y político que, por razones obvias, le corresponde.

Dentro de ese contexto político internacional, de presión tan ampliamente compartida contra la deriva totalitaria del régimen chavista -que ha llevado a la miseria económica, la degradación social y el abuso totalitario sobre el pueblo venezolano- se ha venido a producir, dentro de los resquicios de institucionalidad constitucional subsistentes, el desafío de Juan Guaidó antes de jurar como presidente del Parlamento como institución genuina de la representatividad democrática venezolana. O sea, como el reducto burlado por el “hijo de Chavez”, barrido políticamente en las últimas urnas libres de Venezuela y fugado del referéndum revocatorio mediante la creación de una Cámara Nueva -la Constituyente- de la que se quiso servir, como una crisálida, para seguir en el Poder.

Cabe decir que nunca como ahora se sentaron las condiciones más propicias para la caída del régimen bolivariano. Y con ello, también, de de la dictadura nicaragüense del matrimonio Ortega. Ambos desenlaces auspiciados y promovidos por la OEA (Organización de Estados Americanos). Es tanto la probabilidad y casi certeza de que en la América hispana solo quedaría en el corto y medio plazo la dictadura comunista cubana.