El sandinismo, en el disparadero de la OEA

Si las relaciones colombo-venezolanas se deslizan al conflicto abierto, tras la acusación desde el Gobierno de Bogotá de un plan venezolano de atentar contra la vida del Jefe del Estado colombiano, luego de ser detenidos tres venezolanos por la policía colombiana en posesión de armas con su correspondiente munición, y en circunstancias cuyos pormenores no han sido aun detallados; de una parte, de otra el conjunto centroamericano soporta un cancerado cuadro de inestabilidad política rayano en la guerra civil. Es el de la rebelión nicaragüense contra la dictadura del Sandinismo, comenzada el 18 de mes de abril del año pasado, cuyo balance de muertes oscila, según versiones, entre 325 y 545 bajas mortales.

Y al fondo de uno y otro escenario el peso predominante del problema venezolano en sí, y el de las interrogantes que plantea el giro copernicano en el conjunto hemisférico que puede suponer a corto y medio plazo el desenlace de las elecciones presidenciales en Brasil. Esa victoria de la derecha extrema representada por Bolsonaro, abrazada a la sintonía con Donald Trump.

Pero es la cuestión de Nicaragua la piedra más caliente de cuantas pavimentan la conflictiva actualidad suramericana. Luis Almagro, Secretario General de la OEA inicia el proceso para aplicar a Nicaragua la Carta Democrática Interamericana, lo que podría llevar a la suspensión de pertenencia si fracasan los preámbulos diplomáticos ante el Consejo Permanente de La Organización. La Carta es una herramienta de 2001 para preservar hemisféricamente la institucionalidad democrática.

Si el matrimonio gobernante en la patria de Rubén Darío no ceja en la represión ni se abre a la libertad, los nicaragüenses tendrán que olvidarse de los versos de su Rubén y abrazar los los otros, españoles, del Dos de Mayo.