Nicaragua, factor añadido en la tensión centroamericana

Si al can flaco, el refrán dice, todo se le hacen pulgas, en glosa del principio de acumulación que parece regir la interna ley de los conflictos políticos irresueltos -, sólo faltaba al muy tensado escenario de de Centroamérica, en dónde a la poco apacible relación entre Caracas y Bogotá por causa de los problemas compartidos desde la guerrilla y la droga colombianas, por una parte, y por otra la nueva presidencia del vecino del sur, más que sólo remisa a seguir consintiendo las patas de banco que se gasta Nicolás Maduro, se viene a sumar ahora la iniciativa de Luis Almagro, Secretario General de la OEA (Organización de Estados Americanos) de dar cauce institucional panamericano al conflicto del pueblo de Nicaragua, zaherido brutalmente por la dictadura de Daniel Ortega y de su mujer, cuyo  balance de víctimas mortales desde la revuelta del pasado de 18 de Abril oscila entre las 325 y los 545 muertes.

Se encaja además ese cuadro de conflictos en un marco superior de tensión, de evolución global, percibido como una suerte de reedición de la llamada “Guerra Fría”, sobrevenido antes de la caída de la URSS, enorme suceso calificado por Vladimir Putin, desde su presidencia de la Federación Rusa de “catástrofe geoestratégica”. Visto lo cual, los esfuerzos rusos para tomar posiciones militares en Centroamérica y el Caribe, cabe entenderlos como parte de un proceso en el que Moscú no sería ajeno a una toma de conciencia para la corrección de aquella supuesta “catástrofe”. Pero lo que se entiende de modo alguno es el pito que para toda la orquesta toca el presidente de la primera potencia mundial en sus íntimos disensos con la Estrella del KGB.