Regreso al síndrome de la Guerra Fría

El anuncio ruso de un significativo avance en su tecnología balística, por medio del sistema “Vanguard” de misil hipersónico, capaz según el presidente Putin de rebasar la barrera misilística de la OTAN; que estará en servicio para 2019, junto al sumado proceso de gestación de un acuerdo con el régimen chavista de Venezuela para el establecimiento de una base militar en la isla caribeña de Orchila, que se enmarca en la visita al espacio nacional de aviones bombarderos de gran capacidad operativa, viene a componer un cuadro de patente paralelismo con los tiempos de la pasada Guerra Fría, con el mayor de los hermanos Castro en el vértice del sistema comunista cubano, que en estas horas, con el vértice relevado en el castrismo “residual”, opera una depuración semántica acorde con los tiempos que parecen regresar.

Hasta donde quepa relacionar este estado de cosas en el espacio de Centroamérica – en el que también ha reverdecido con gran coherencia sistémica el sovietismo nicaragüense – con el desorden aportado por la impronta de Donald Trump en los consensos internacionales, conviene reparar en algo casi obvio. Así que si efectivamente resulta ser con todas sus consecuencias, lo que en principio pudiera quedar en meras apariencias y espejismos, lo relevante y principal es que el sentimiento de pérdida de seguridad en el tiempo que vivimos, resulta de factores menos debidos a la casualidad que a los errores cometidos por quienes mayor poder tienen en sus manos.