General Mattis: dimisión por cumplida saturación

El retrogiro al pasado, que suena como una vuelta al tiempo de la Guerra Fría, se acompaña de un hito de muy relevante coherencia, tanto histórica como política, con el cese del general Mattis, el más relevante colaborador castrense de Donald Trump, el polémico Jefe del Estado norteamericano. Acaso lo más notable del disenso en el que discurrió el último tramo de su relación política, haya sido la índole extrema de los asuntos en cuestión; es decir, el hecho de que lo grave de las más de las cuestiones a debatir, se acompañara, en cada caso, del anómalo y atípico entender propio del presidente, tal como generalmente se conviene. El hombre de la Casa Blanca es reconocido como cuestión aparte.

En toda esta última historia de desacuerdos entre el Presidente y sus colaboradores aparece la cuestión de la retirada militar norteamericana de la guerra de Siria como causa de la dimisión del general Mattis, para el que lo inferido a las huestes del Estado Islámico no ha sido derrota como tal, sino daños limitados, insuficientes para poderlos considerar victoria militar y problema político resuelto. Parecido desacuerdo entre el Presidente y su titular de Defensa es el referido al propósito de Trump de hacer reducción grande de tropas en Afganistán: lugar dónde, la Unión Soviética sufrió en su día una derrota determinante de su desaparición… De lo sucedido entonces allí cabe entender que el general Mattis tendrá algo más que referencias ligeramente superiores a las opiniones de los Trump, hijo y padre…

Ante condiciones internacionales como las cursantes, de regreso más que sólo aparente a trazos de la Guerra Fría, y que enmarcan el disenso del Presidente Trump y su hombre de Defensa, cobra gran actualidad y vigencia el adagio de que quien ignora la Historia está condenado a padecerla. Los errores de Trump son lo que ha colmado la saturación del general Mattis.