Vuelve la globalización del rearme estratégico

Golpe a golpe, amenaza va y amenaza viene, imprudencia de unos y jactancias de otros, las piezas en el tablero de la geopolítica mundial parecen reconfigurar, por partes, el escenario de los despliegues armamentísticos. Tranco a tranco, también, se vienen a enunciar las bazas de la Guerra Fría con los alcances estratégicos de la Guerra Caliente, una parte y la otra amartilladas desde sus bases y las correspondientes armas.

Cómo y de qué manera se recrean las premisas de cuanto se hizo entonces para la dialéctica de la disuasión recíproca. Hay nóminas de los potenciales beligerantes, exposición de motivos, descripciones geográficas, definición de propósitos y voluntad compartida de preservar finalmente un acuerdo para que al fin no haya sucedido lo peor…

Mientras en Caracas la dictadura chavista calla ante, la idea de que Rusia instale una base militar en su espacio nacional, con lo que remedaría lo habido con la Cuba de Fidel Castro, Estados Unidos anuncia su retirada militar de Siria, tras el fin del Estado Islámico en esa sangrienta contienda; en Japón, el Gobierno anuncia, ante la actividad naval de Pekín en el Mar de la China Oriental, el disparo de sus gastos militares, principalmente centrados en su Marina de Guerra – congelada desde el fin de la Segunda Guerra Mundial – y reforma su arma aérea, acompañada de desarrollo misilístico, hipersónico, que invalida a fondo parámetros y magnitudes enemigas concebidas ante muy diferentes riesgos.

Los desarrollos rusos en las islas Kuriles y otros ámbitos al norte del archipiélago nipón, ocupados a los japoneses cuando éstos ya habían sucumbido en la última guerra mundial, explican la escala del salto armamentístico japonés, visto el despliegue de las armas de Pekín en el Mar del sur de la China a Poniente de los Estrechos Orientales y aguas adentro del Océano Índico.

Más allá de remedarse los esquemas de la Guerra Fría, el cambio de ciclo geoestratégico que tanto desvela a Vladimir Putin, se hace notar por la irrupción de novedades tan notorias como las aportadas por el presidente Trump, tan emancipado de límites, rigores y toda suerte de convenciones tenidas por más estables y sólidas.

Pero, por lo que sea, el rearme estratégico parece irremisiblemente global.