Hungría se dispara con las protestas francesas

Al húngaro Orbán, el rebote europeo de las protestas de los “chalecos verdes” en Francia le han cambiado el interno pentagrama de su política nacional, principalmente en lo que respecta a su reprogramada formulación de las relaciones laborales, en lo tocante a la ampliación anual de las horas de de labor, desde las 250 actuales a las 400, para cobrar a lo largo del cuatrienio. Equivalente a saltar de 40 a 48 horas la jornada de trabajo a lo largo de la semana.

El impacto político de la reacción de protesta ha llegado por vez primera al punto en que toda la oposición al presidente Orbán se ve reforzada, al sumarse a ella el 63 por ciento del partido de sus seguidores. Dato este que define la condición cualitativa de la protesta y el rechazo. Quiere ello decir que respuesta popular de los húngaros ha pasado a convertirse en disenso de régimen y rechazo masivamente frontal de modo de vida. En este sentido se resume con la afirmación, “cuanto quiero en estas Navidades es democracia”.

El rebote social al que todo ello apunta viene a significar que Hungría, por debajo de la media europea en estándares de vida. Ocupa el puesto 23 entre los 28 que integran la UE. En rangos de estrechez, dentro del conjunto europeo sólo el dato búlgaro supera al húngaro. Del consenso nacional contra el rumbo emprendido impuesto por Viktor Orbán, ni siquiera disiente la Iglesia Católica, pues sólo alcanza a condenar la violencia en las manifestaciones.

Y como contrapunto al descrédito ideológico del Gobierno de Orbán, cerrado a cal y canto contra la inmigración, mantiene un bajo empleo por medio del envío de emigrantes a los Estados de la Unión Europea. Pero la culpa de todo – sostiene – es de Soros.