Argelia, riesgos políticos y económicos en el Mediterráneo

A la inestabilidad crítica en que se encuentra sumida Libia desde la caída del régimen de Gadafi, se añade la especulación política que plantea en Argelia el tranco último de la muy deteriorada salud del presidente Buteflika, en el poder desde 1999. Al desgaste de un hombre envejecido y tan deteriorado por el accidente cardiovascular sufrido en 2013, se suma un clima de perplejidad ante el horizonte electoral que se abre, derivado de la posibilidad de que el entorno histórico de Buteflika, articulado en la estructura histórica del FLN, quiera enrocarse en la idea de apostar por un quinto mandato, desde la baza de una nueva jefatura del órgano legislativo del país.

La oposición, representada por el FFS (Frente de Fuerzas Socialistas), no renuncia a esgrimir su propia apuesta frente a la representada por Bukareb, nuevo presidente del Parlamento. Pero la dinámica de estas posiciones alternativas ante el ocaso político-biológico del régimen argelino, implica la posibilidad de que el síndrome “primavera árabe”, del que Argelia logró zafarse, se viniera a restablecer con toda la cohorte de consecuencias que tal dinámica revolucionaria para el ámbito norteafricano y el Próximo Oriente, incluido su sangriento epílogo sirio.

Tanto para España como para Francia la inestabilidad argelina que amenaza incluye riesgos de mayor cuantía económica, en términos de exportación de gas y petróleo; concurrente con las exportaciones rusas de hidrocarburos. Desde otras ópticas no deja de preocupar el riesgo político argelino de una deriva de tipo chavista. Combinada también con salsa rusa.