La hispanización de la tragedia venezolana

Mientras la profundización del entendimiento con la Rusia de Vladimir Putin por parte de la Venezuela de Nicolás Maduro, determina menos que solo una ficción de que en el Caribe de ahora se pretenda reeditar la Guerra Fría mediante el envío al aeropuerto del país de un bombardero estratégico, envuelto en compromisos económicos de mayor cuantía, en ámbitos del hemisferio hispánico como la OEA, se alzan voces junto a las denuncias del más que extraño proceder del expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, que de tan nítido modo parece reiniciar empeños de izquierdismo tan claro como el contenido en la Ley de la Memoria Histórica. Empeño normativo de puntualísima eficacia en el sostenido propósito de las viejas y las nuevas izquierdas en el desmontaje retrospectivo de los andamios que se pactaron para construir la Transición. De forma muy expresa, como en en el ánimo y la memoria de muchos españoles – al menos de la mitad de todos está – en los nombres repartidos por el callejero nacional.

Del surco del arado rodrigo-zapaterino parecen brotadas las interrogantes que tantos se hacen, en Hispanoamérica y fuera de ella, al cabo del tiempo transcurrido, sobre la función realmente desempeñada por este político de la izquierda española en la mediación por él realizada entre el régimen chavista y los políticos que lo derrotaron absolutamente, obligándole, según la Carta Magna de Venezuela, a convocar Urnas Revocatorias del presidente Maduro. Cosa que éste no hizo. En lugar de ello, modificó la Constitución por vía de un golpe de Estado que le convirtió en otro dictador más de la Escuela Castrista. Para eso ha servido también el autor de la Ley de la Memoria Histórica.