¿Hasta cuándo Duterte?

Aunque geográficamente esté tan lejos Filipinas, y la propia Filipinas comparezca actualmente tan reducida en términos de globalidadad geográfica y relevancia geopolítica, por los cambios estratégicos en los equilibrios del mundo, los disparates de todo orden en que incurre el presidente Duterte, obligan mucho más que sólo aconsejan a romper, como debido testimonio, una lanza de denuncia por la la barbarie que todo ello representa en el proceder de un Jefe de Estado dentro de la Comunidad Hispánica de Naciones. Hasta donde cupiera, sería cosa de instrumentar, por medio de la OEA (Organización de Estados Americanos) o de cualquier otra entidad de signo oportuno, por lo religioso o lo cultural, el que se promoviera internacionalmente, acaso vía Naciones Unidas, una acción internacional de apercibimiento para que Filipinas o cualquier organización regional, o de cualquier otro orden, tomara nota y denunciara las intolerables prácticas de quien preside el Estado filipino y, contra todo derecho, decide la muerte de toxicómanos o acusa públicamente de homosexualidad a obispos de Filipinas.

Más allá de la viabilidad práctica de llevar a dónde quepa proceder esta denuncia a las instituciones internacionales, pesa la razón última de protestar individualmente, en nota periodística tan grave y nada sólita manera de violar los derechos humanos y atropellar los sentimientos de la comunidad católica filipina.