Ucrania, riesgo de otro asalto ruso

A Vladimir Putín, por lo que cabe sospechar, no le bastó la anexión de la península de Crimea. Persigue ahora añadirle la del Mar de Azof, sus aguas anexas en la cuenca del Mar Caspio, para cerrar así, junto con el puente que enlaza la costa rusa con la tierra anexionada en la subrepticia campaña de 2014, cuando la Federación Rusia prendió la mecha de las minorías rusófilas en el Este de Ucrania. Todo un diseño geopolítico de Moscú para completar la respuesta rusa a la campaña previa en la orilla Este de la cuenca del Caspio, cuando la basculación occidentalista en Georgia fue replicada, desde el postsoviético putinismo contra la Georgia que anticipó lo que luego serían las apuestas occidentalistas en Ucrania.

Aquello que pasó con la campaña sobre Georgia – que trajo la anexión de Osetia- y que prosiguió luego, en Ucrania, con la de Crimea, prosigue ahora con el turno predador de los espacios navales, ahora sobre el Mar de Azov y toda suerte de conceptos y categorías físicas al servicio de unas ideas y categorías reconstituyentes de la Gran Rusia que pudo ser la URSS. Justo eso que el propio Putin definió, al considerar y calificar su desaparición de”catástrofe geopolítica”.

Es dato que no cabe olvidar cuando se miran sucesos rusos como estos de ahora. A los que habrá de volver enseguida, mirando a la OTAN. Y al Ejército Europeo que espera.