Vuelve la tensión ruso-ucraniana

La activación de la alerta atlántica, con la convocatoria de una reunión urgente de la OTAN por Jens Stoltenberg, su Secretario General, ha determinado la puesta en libertad de tres patrulleras ucranias apresadas por Rusia, dentro del Mar negro Estrecho de Kerch, po el espacio regional del

Mar Negro y en el contexto geopolítico de la anexión de la Península Crimea por la Federación Rusa. La reunión de la OTAN en Bruselas, ha tenido, como primer efecto el desbloqueo marítimo de la zona, la liberación de las patrulleras de Ucrania, algunos de cuyos tripulantes resultaron heridos de menor consideración.

El presidente Porochenko ha planteado la oportunidad de aprobar el estado de emergencia de emergencia nacional en Ucrania al tiempo que en la sede europea de la OTAN se discurre sobre los alcances geoestratégicos de los incidentes marítimos ocurridos en un espacio reforzado por la anexión rusa de la península de Crimea, que se ha visto físicamente completada por la construcción de un puente que la enlaza con la costa rusa. Resulta obvia la continuidad sistémica de estos eventos de las últimas horas con los hechos de armas subsiguientes, en la Ucrania oriental.

Eso, de una parte. Y, de otra, la inutilidad práctica de la Conferencia de Minks; además de lo inocuo de las sanciones económicas aplicadas a Rusia por los aliados atlánticos. Todo ello resulta tan palmario que el material de trabajo que la OTAN tiene sobre la mesa en su reunión de Bruselas rebosa oportunidad y conveniencia. Justo ahora cuando más allá de la OTAN misma, en otra mesa geopolítica, convergente, esperan los debates sobre un Ejército Europeo. A Ucrania le sigue pasando por encima por haber profesado su vocación europea y su apuesta occidental.