Gibraltar, piedra de toque para interlocutores europeos de España

Las reacciones en el seno de la Unión Europea ante la determinación española de subordinar su voto en la próxima Cumbre sobre el Brexit, al pertinente reconocimiento de sus derechos sobre Gibraltar, en lo tocante al remanente de las pretensiones inglesas en el contexto del cambio determinado por su abandono de la UE, vienen a definir los distintos grados o niveles de calidad de relación y afección a nuestros intereses nacionales en materia tan trascendental como la integridad de nuestro territorio patrio.

A la solidaridad plena expresada por el Primer ministro de Portugal y el Presidente de Francia, se contrapone la evasiva tibieza de la Canciller de Alemania, de otro punto sintónica con el discurso judicial en los tribunales germanos sobre presencia y andanzas por Germania del muy prófugo y golpista expresidente de la Generalidad Carles Puigdemont. En terminantes apreciaciones de ética poliica y coherencia histórica, resulta conveniente reparar en este género de distingos y apreciaciones, sobre todo, como en el caso de Alemania, se viene a blasonar de idealismo europeo de tanto fuste como el de compartir con la propia Francia la propuesta de crear un Ejército Europeo.

Como el refranero advierte, una cosa es predicar y otra, bien distinta, dar trigo. Quizá su chasco para españoles vendría inducido desde su cantada jubilación en su brillante carrera política.

En estas horas de la verdad sobre la frustración de España en sus esfuerzos para el rescate Gibraltar, parece lo más cierto que, de momento al menos no queda otra opción que la denuncia del Acuerdo alcanzado entre el Gobierno británico y la UE para el abandono británico de ésta.

Una vez más nos hemos topado, ante el mayor de nuestros desafíos con la mayor de nuestras debilidades políticas.