¿Basta la objeción en Bruselas a otra treta sobre Gibraltar?

Mientras llegaba la hora solemne del divorcio británico de la Unión Europea, en la Cumbre solemne de Bruselas, saltaba de la mano del titular español de Asuntos Exteriores, el crítico gazapo procesal de la penúltima treta británica en torno al problema de Gibraltar, centrada en esta ocasión sobre los entornos y aledaños del Peñón, entre los que rutila como estrella de luz preferente el espacio del Istmo, sobre el que está construido el aeropuerto de la todavía colonia británica.

La circunstancia de que las nupcias inversas de Albión con la UE fueran motivo suficiente para un regalo territorial añadido, envuelto con los oropeles de una infraestructura aeroportuario, no podía menos que traer la decisión del ministro Borrell de poner sobre la muy sonada coyuntura del Brexit el aviso del matute jurídico-político de Londres, mimetizado como ámbito espacial propio aquello que se prestó por España para que se utilizase como hospital donde apartar a los infectados por una de las pestes asiáticas arribadas por el Levante del Estrecho.

En justicia, debe bastar la objeción en Bruselas al texto de la conformidad de la Unión Unión Europea con los términos del Brexit para que su formato jurídico-político no pueda Londres disfrutrarlo como regalo del Brexit, es decir, de sus nupcias inversas con Europa. Ahora no podrán decir en Londres que España le regaló el espacio aeroportuario.