Italia, como crisis de la UE

El encaramado populismo gobernante en la nación cuya capital apadrinó nominalmente el Tratado fundacional de la Unión Europea, se ha pasado por el arco, no de triunfo sino de la derrota, el disciplinario tope del gasto incluido en la norma presupuestaria anual; un tope que normativamente deriva del pacto de soberanía que supone el hecho mismo de la pertenencia  italiana la UE.

Visto y considerado en su propia esencia legal ese tope, que deriva de la pertenencia al pacto comunitario sobre las competencias soberanas respectivas de los socios, una situación como la creada por el Gobierno italiano hace algo más que sólo rozar los límites  de sus atribuciones soberanas. Compone un problema de nueva planta en la nueva Historia Europea: la comenzada con la firma del Tratado de Roma.

Cuantitativamente, el desfase económico del Presupuesto italiano que Bruselas rechaza, se puede parangonar lo que supuso el caso de Grecia, pero cualitativamente, en lo político, contiene significados, arrastres, cuyo perfil es, digamos, de gravedad mayor por la relevancia económica de Italia y por el género de expectativas de madurez propias de esta última. Poco que ver el Tsipras de entonces en Grecia con el funambulismo actual de la Liga Norte en la Italia de ahora mismo.

Aquello de la Grecia sumida en lo político en una crisis generacional de mayor cuantía, con el cambio  que envuelve la UE desde la defección Trumpiana de la Alianza Atlántica y el impacto migratorio desatado por la muy cancerada guerra civil padecida por la república árabe de Siria y multiplicada desde el África Subsahariana y mucho también del Levante Surasiático. Pero, en cualquier caso, la devolución comunitaria de las cuentas italianas tiene de todo menos de anécdota económica y política.