“América primero”, el clima y todo lo demás después

Al pelo le viene el lema de Donald Trump la voz de alarma de Naciones Unidas ante el tope medioambiental al que se ha llegado. Tope que no cabe sobrepasar sin que se desplome el equilibrio, muy cumplidamente milenario, del planeta que habitamos los hombres, antes incluso de que llegáramos a ser lo que somos como especie soberana del planeta Tierra.

Hay que reparar en las cifras precisadas por los centenares de científicos concertados en el marco de Naciones Unidas para el Acuerdo sobre el Clima suscrito en París y del que posteriormente se desligó la Administración estadounidense del Presidente Donald Trump, aproximarse a la responsabilidad – más histórica que sólo política, con ser tanta esta última – contraída por el actual mandatario estadounidense en su paso atrás en cuestión de tan grave trascendencia, comparada con la cual su rebote del Acuerdo onusiano de los Miembros Permanentes del Consejo de Seguridad de la misma y Alemania, suscribieron con la República Islámica de Irán para que ésta se apease de su empeño en constituirse como potencia nuclear.

El “América Primero” será siempre un lema de patriotismo político de legitimidad indiscutible en materias de alcances muy específicamente limitados, cuando se trata de compromisos internacionales para materias de interés compartido por una pluralidad de Estados. Por el contrario, reservarse el principio de retractación en todo caso ante los concurrentes sobre el compartido compromiso, supone, como demanda, algo así como la de un derecho de pernada frente a los concurrentes en el compromiso suscrito.