Un catalanismo, varado en su fin de ciclo

Considerado está y convenido queda la conveniencia de las cosas empeoren y tomen cuerpo y definitivo perfil para que se pueda actuar rigurosa y seriamente sobre ellas. Así, lo ocurrido con el asalto al Parlament de Cataluña establece la evidencia de que el ataque al Poder por la beligerancia, demanda calidad de respuesta proporcional.

Es decir, de condición irreversible. Lo habido en la revuelta del 1-0 es de significado tan patente que el propio Pedro Sánchez lo entienda en la medida de que haya emprendido el regreso a España, visto el cariz que tomaban las cosas, especialmente por el derrotero de su contertulio de La Moncloa. Al respecto, Ciudadanos lleva ya el 155 de la Constitución al Congreso para catalizar la definición de Pedro Sánchez respecto de Quim Torra.

Tras la sustitución votada en el Parlament de Cataluña de Puigdemont y los diputados suspendidos por el juez Llerena, Arrimadas, la diputada de Ciudadanos en el Parlament, se querella contra Torrent, el presidente de esta Cámara, y los enteros componentes de la Mesa de la misma. Todo, en obvia sintonía con Ciudadanos y el Partido Popular, que se ausentaban de una votación que tacharon de simulacro sin cobertura legal.

Entre tanto, la Fiscalía General deja saber que actuará “con la contundencia  adecuada” frente las incidencias habidas al aire del primer aniversario del Primero de Octubre.

Mientras el estatus quo engendrado por las jarcas del catalanismo secesionistas, se adentra en las revueltas aguas turbulentas de sus propias contradicciones, el desplome de sus expectativas en el ámbito internacional, especialmente en la Unión Europea, se abren de par en par las expectativas nacionales sobre cómo habrá ello de repercutir en el conjunto de la política nacional española. Muy especialmente en la continuidad del actual Gobierno.